jueves, agosto 24, 2006

LA DAMA EN EL AGUA


Esta película es una genialidad, lo único malo es que es muy larga, nada explota y no se entiende nada, o sea, se va a entender en los años que vienen y ahí va a ser “de culto”.

Un amigo me dijo que era dirigida por Apu Shamalamadingdong, que es un director de cine muy famoso, porque hizo esa película donde un niñito espiritista lloraba porque no podía hablar en voz alta, y que al final era impresionante porque Duro de Matar no había sido tan duro después de todo.

Esta se trata de un gordito que es tartamudo y que trabaja en un condominio gigante que es todo Benetton (hay de todo, menos peruanos: chilenos, indios, árabes, chinos y hippies). El gordito vive triste y solo, hasta que un día llega una comadre que es más blanca que echar leche descremada en un plato blanco y dársela a un albino en la tina del baño y sacarle una foto con flash.

La comadre anda traumada porque ha vivido toda la vida en la piscina (pero no tiene los dedos arrugados), y porque se la va a comer el hombre lobo que anda rondando el condominio Benetton.

El hombre lobo es la zorra, porque tiene la espalda con pasto y se hace invisible. Es como vampiro inverso porque sólo se ve con un espejo. El peliculasta además lo filma muy bien y uno siempre está poniendo los ojos en rendija para poder verlo, porque aparece reflejado en alguna parte o parece que está ahí atrás, y ¡bú!

Si me pierdo el resto, soy un GIL IN THE WATER.

viernes, agosto 18, 2006

EL DESCENSO



Esta película es la cueva. Si no se gana el Oscar a la Mejor Película Extranjera de Terror con Minas Histéricas Que La Ven Peluda es porque en la Academia no queda ni una sola neurona con vida. (La película es extranjera porque las minas son feas y en una parte sale un auto con el manubrio al otro lado, como Mister Bean). Además es la única película que he visto en mil años que no es remake de nada, o sea, es make a secas.

Este make se trata de unas minocas Bridget Jones que “no necesitan a los hombres”, toman copete y dicen “fuck” porque son autosuficientes. Además son deportistas y hacen montañismo para poder usar las cuerdas, los ganchitos, los bananos y las cantimploras, y todas las herramientas de marca como las que tenía Stallone en esa película donde el avión se estrellaba y todos tenían que saltar en bungee para salvarse (Viven).

Para que uno conozca los personajes hay al principio una escena donde se ve que todas las amigas son choras y lo pasan bien. Andan en bote en el río, se mojan y se ríen y son enteras como ese programa de la Cameron Díaz donde ella hacía cosas riesgosas en países exóticos (como Chile) y decía “Oh my God”, con la diferencia de que aquí sí pasa lo que uno quería que le pasara a la Cameron Díaz: les salen los monstruos y las hacen pebre.

Pero para eso falta todavía.

Como necesitamos que una de las minas nos importe más que las otras (y para diferenciarlas porque son todas iguales) hay un accidente de auto y a la pobre parece que se le muere el marido y/o la hija, y de ahí en adelante todo mal porque ella va a andar con cara de Radiohead y va a tener puros flashpacks Clos de Pirque, o sea, tortas de cumpleaños, acto del colegio, fotitos de cabras chicas con maridos y todas las cosas en las que uno piensa cuando la gente se muere.

Que me muerda un MOSTRO si no sigo leyendo.

miércoles, agosto 09, 2006

CRÍTICA DE CINE(S): EPISODIO II.


Bueno, he vuelto de las vacaciones y es hora de seguir con mi investigación periodística sobre los cines y más específicamente, la pregunta que le quita el sueño a todos: ¿Cuál es el mejor cine?

Este es un trabajo serio eso sí, y es mejor que los reportajes de Contacto porque aquí no ponemos música siniestra, ni hacemos tomas con cámaras escondidas que se ven como el ñoquis y hacen que todo sea más feo de lo que realmente es, como los universitarios borrachos. Tampoco ponemos una viejita con voz de profesora de religión entre medio, ni cortamos a comerciales justo cuando vamos a revelar qué pasó con la viejuja de los quesitos. Esto es periodismo de verdad, y más encima escrito por mí, el único crítico hermessexual del universo. (Amaro se jura, pero no pasa nada, porque tiene muy gordo el cuello y habla como El Mundo al Instante, lo que hace que uno no se tome en serio ni el maremoto de Valparaíso que mostraron el otro día, y donde quedó la mansaca) (Queremos ofrecer todo nuestro apoyo a las víctimas de ese maremoto).

El biógrafo.

El cine: Este cine también es cine arte, pero queda en un barrio donde hay puros abuelitos y homogays, así que no tienen para qué colgar tonteras en el lobby, porque como todos saben, los abuelitos y los homogays tienen claro que lo importante va por dentro. En esta calle siempre hay además muchos gringos y flacas que se creen John Lennon, van al museo a opinar sobre los artes, comen hummus y no les dan besos a sus pololos en público. También hay un señor que es la versión chilena de Mrs. Doubtfire, esa película donde Robbie Williams se disfrazaba para robar un banco, y arrastra un carrito de supermercado con puras tonteras. Todos hablan de este Mrs. Doubtifire como si fuera “de culto” (esas cosas que no le gustan a nadie pero que son caras y difíciles de encontrar), pero en realidad a nadie le importa y uno cruza la calle cuando lo ve. (Hace poco se lo llevaron preso y salió en las noticias en la misma sección donde en verano muestran minas en bikini y argentinos) Este cine generalmente da una sola película y siempre parece que estuviera cerrado, pero es choro porque pegan recortes fotocopiados de críticos famosos para que uno entienda mejor la metáfora y se la explique a la polola y ella lo respete a uno y en la casa le haga galletas de puro orgullo. Lo que sí a veces se ponen chantas y proyectan la película en DVD por “fallas técnicas”, que son tan serias que las anuncian con cartelito escrito a computador y desde el primer día hasta el último. Para ver películas en DVD mejor me voy a parar afuera de Hites. Ná qué ver po.

Las salas: La sala de este cine es chiquitita y acogedora, lo cual suena bueno, pero es lo primero que la mamá le dice a la tía drogadicta que se cambió de casa a un departamento enano donde uno tiene que sacar las patas por el balcón para estirarse en el sillón. O sea, si uno tiene claustrofobia mejor ni va. Lo bueno es que tiene unos parlantes gigantes a los lados con las bocinas al aire, como los autos de los raperos millonarios que bailan en los semáforos. (Los autos, no los raperos) Cuando uno ve estos parlantes jura que se va a escuchar la zorra, así que un siete por despertar la ilusión. Un siete también a la decepción cuando se apaga la luz y empieza a sonar la película con la misma calidad del Hi-Fi de la radio reloj, pero eso es bueno, porque evoca al momento de la infancia en que supimos (spoiler) que el Viejo Pascuero no existe. (fin del spoiler). Lo que más me gusta es que este cine tiene platea alta. Para los que no saben lo que es platea alta les explico: es una fila de asientos que queda como en un segundo piso, encima de los otros asientos. Creo que es el único cine de todos los que he investigado que tiene platea alta, y es la zorra, porque uno se puede sentar en primera fila y ver perfecto. Además uno no tiene que mirar para arriba, sino para delante, y la imagen ocupa todo el campo visual y nadie molesta. (En la primera fila, claro). Uno también puede llevar de contrabando un termo con vómito falso hecho en la juguera, para darle un plus a la experiencia cinematográfica. Recomiendo hacer una mezcla de leche, arroz, tallarines, choclo y pan remojado. Luego meterlo al microondas para entibiarlo y echarlo al termo. En plena película –si es francesa mejor- hacer ruidos de arcadas y vaciar el termo hacia la platea baja a intervalos espasmódicos. Luego observar en silencio y disfrutar los misterios de la comedia humana ante situaciones adversas. Recomiendo también reservar esta acción de arte para cuando la película muestre escenas insoportables, como la típica escena de sexo inmediatamente después de que los personajes han llorado enrabiados odiando al mundo (si es drama) o el típico personaje apestoso que habla como si no estuviera en una película y dice “sé que esto es un cliché” justo antes de mandarse un cliché (comedia). El vómito falso no va a cambiar nada, pero hará la experiencia más memorable. Los asientos son afranelados y blanditos, pero no hay mucho espacio para estirar los pies y las abuelitas se escandalizan si uno pone los pies en el asiento de adelante. El cine es como cuico, pero sale barato, así que también sirve para llevar a la chica en la primera cita y economizar.

Las golosinas: No hay golosinas. Eso se explica porque el público objetivo del cine no consume: los abuelitos son diabéticos y los homogays son regios y se cuidan. De hecho cuando entrevisté a los dueños de este recinto fílmico me contaron que las últimas golosinas que tuvieron en vitrina fue arroz inflado, un chupón de manjar y una manzana confitada, que según mi abuelo era una especie de anticucho con un dulce gigante que tenía premios en el fierrito, como una victrola, un paseo en trolley o un sombrero de “Donde golpea el monito”, que parece que es una institución de venganza animal. (Mi abuelo está loco y por eso está internado en una casa de “reposo”). Yo una vez compré popcorn en un carrito con un amigo y lo metimos de contrabando, pero al rato una abuelita reclamó porque el ruido de nuestros dientes le estaba “sacando sangre de narices” y un guardia nos “llamó al orden”. Ahí se me ocurrió lo del vómito falso. ¿O fue viendo Los Goonies?

La recomendación de Hermes: Llevar a la abuelita y dormir porque hay silencio y tranquilidad. Ir también cuando uno esté a dieta, porque es más fácil no tentarse. Ir con impermeable en caso de que alguien me robe la idea del termo. Antes de entrar a ver la película leer las fotocopias que tienen pegadas, porque a veces dan puros bodrios y uno se ensarta.

Gran Palace.

El cine: Cuando le pregunté a mi abuelita qué onda este cine que nunca había escuchado nombrar en mi vida se le iluminaron los ojos y dijo que era el “palacio de los cines”. Me contó historias de gente pituca que iba a este lugar, bajaba dos millones de escaleras y llegaba a una sala gigante con fuente de agua, con baños de mármol y con luces de colores que cambiaban con la música, que era clásica, obvio. Me dijo que ahí la llevaba mi abuelo y que se enamoraron viendo una película que ella se sabe de memoria y que no conoce nadie. Yo aluciné y pensé en llevar a mi novia Laurita V ahí al tiro, bajar tomados del brazo y hacer la escena de Titanic cuando Machuca anda disfrazado de millonario y le da un beso en la mano con guante a la gordis. Claro que cuando llegué lo único cierto era lo de los dos millones de escaleras. Así que habría que demandar al tiro por publicidad engañosa porque en el puro nombre del cine hay al menos dos grandes mentiras. Mi abuela está loca. No hay alfombra, puros azulejos blancos, y no hay fuente de agua, ni mármol, ni música clásica, ni nada. Además no es una sola gran sala como dice mi abuela, sino que son cuatro salas apretujadas. (Hay una que está bien y es grande, pero las otras parece que metieron el cine en el ropero). Además este cine está en el centro, y eso significa que uno va a llegar o estresado o sordo, porque entre los bocinazos, los gritos de “Kino”, “La Segunda”, “Er Harry Potter” y la musiquita de ascensor en los parlantes que hay en los edificios, el oído como que se le perturba a uno y encuentra que la película se escucha como el Loly aunque se escuche como el Dolby.

Las salas: Bueno, ya dije, hay una buena y tres más que son como ver películas en la pieza. Igual se ve y se escucha más o menos bien (mejor que cine arte por lo menos), pero últimamente como que dan puras películas para cabros chicos, y en español más encima. El suelo está siempre pegajoso y los que atienden son como empleados choros y alegres de multinacional gringa, pero están enojados y no se pueden olvidar de que son chilenos, como los de Fantasilandia y Los pollitos dicen. En general es un poco deprimente, ¿o andaría yo atravesado el día en que fui? Es barato, eso sí, y los lunes, los martes y los miércoles es tan barato que dan ganas de donar el vuelto. Los asientos no son Tur Bus y lo dejan a uno un poco tieso, pero nada permanente que la subida de las escaleras a la salida no arregle.

Las golosinas: Hay de todo, y el popcorn es muy rico. Es barato además, igual que la entrada, pero ese aire deprimente que me agarró lo contaminó todo y no sé si disfruté mucho. Vayan ustedes y me cuentan.

La recomendación de Hermes: Si están deprimidos no vayan. El centro con sus dos mil personas con cara de poto caminando para allá y para acá a TODA hora (¿no trabaja nadie?) hace que uno se predisponga mal para el cine. Además esos parlantes con musiquita que lo siguen a uno promueven un poco la delincuencia encuentro yo, si hasta a mí me dieron ganas de cogotear a una abuelita que iba con la cartera muy descuidada. El cine está bien, eso sí, pero yo me sentí mal y no lo disfruté. Como polola en cita romántica con pololo con halitosis. O sea, mal po.

Normandie.

El cine: Este cine tiene doscientos años de tradición. Es Cine Arte, así que cruje, dan la película en astigmatismovision, tiene olor a polvo, y se escucha en Doby Digital 0.1, el punto uno correspondiendo al eco de los asientos que crujen. Queda en un barrio lleno de “picadas”, que son los restoranes donde venden sólo un tipo de trago y un tipo de comida, pero donde nadie quiere pedir otra cosa que no sea eso, y siempre van las mismas personas. Dan muchas películas y en eso se parece a los cines de la playa a los que uno iba cuando era chico, con la diferencia de que aquí no dan Martes 13 VII: Jason y el prisionero de Azkabán, y en general dan puras películas con actores desconocidos que hablan en idiomas que suenan inventados y donde sale pilucha la gente fea. O en blanco y negro. O todas las anteriores. También dan mucho “festival” con variados ejemplos de la cinematografía mundial. Aquí hay una lista de ejemplo de los festivales que hace este cine:

1) Festival: Nuevas tendencias del cine inglés.

Películas: El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante; 8 ½ mujeres; The pillow book.

2) Festival: El amor y la demencia en el nuevo cine europeo.

Películas: El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante; 8 ½ mujeres; The pillow book.

3) Festival: Lo mejor de Peter Greenaway.

Películas: El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante; 8 ½ mujeres; The pillow book.

En resumen, este cine tiene de todo. Y también tiene cinéfilos, aspirantes a peliculastas, y estudiantes de filosofía de cuarenta y dos años que se aglomeran en la entrada. Todos fuman y tienen opinión, y quieren compartir ambas cosas con el mundo. Estos mismos tipos después van a las picadas a comentar los flims y le meten conversa a los viejitos sin esperanza que están ahí y así después hablan con autoridad de la raza humana. En el lobby hay dos millones de afiches y uno se queda pegado mirando, como en la iglesia. Y a diferencia de la iglesia aquí uno quiere robarse las cosas y llevárselas para la casa. Lo bueno es que uno puede pagar escolar como en la micro, y le sale barato, a diferencia de la micro.

Las salas: Es una sola en realidad, grandota y vieja, un poco como las picadas que hay a los lados, pero en cine. Como se sabe es Cine Arte, así que la calidad de sonido e imagen es algo que sólo preocupará a los superficiales sin sensibilidad que andan pendientes de puras tonteras. Los asientos son muy incómodos, tanto que llegan a ser ergonómicos y uno termina viendo verdad en todo. Si le película dura tres horas y media y está en sueco, más vale comprar bono para el kinesiólogo con antelación. Hay que decir además que todas las películas que dan aquí las dieron hace un mes o más en el Showcase y en el Hoyts, pero que cuando llegan acá ya tienen reputación y ahí sí que el filósofo y el peliculasta se pueden dignar a ver Magnolia o Matrix porque son “interesantes”, mientras que en el Hoyts eran una estupidez.

Las golosinas: Las golosinas de este cine son la clase de cosas que compra el abuelo de uno cuando quiere comprar “dulces”: Pastillas, galletas de vino, sustancias (alguien explíqueme qué es una “sustancia”, con forma de “guagüita” más encima, cosa más satánica no había visto), y de esos huevitos con una almendra adentro que hacen con huesos de gente diabética. (Y que el colegio de dentistas confeccionó junto a la NASA para apropiarse del mundo). O sea, las peores golosinas imaginables. Y todo en envases ultra chicos, que hasta en un cortometraje no servirían para nada. Lo peor de todo son las bebidas, porque vienen en botella de vidrio y las venden con pajita, como en el bus a Viña. Y todos saben que eso es una aberración. Primero porque en la botella viene muy poco, y segundo porque la pajita al principio lleva puro espuma y bailotea arriba de la bebida, y después porque se va para dentro y uno tiene que meter el dedo para sacarla. O sea, todo mal. Y más encima el cine tiene pendiente, y si estás en la última fila y se te cayó la botella al suelo, estás diez minutos escuchando cómo rueda hasta que llega abajo (o sea, te arruina la mitad de lo que dura el plano del señor sueco desnudo despertando).

La recomendación de Hermes: Ir cuando no puedan ver la película en ninguna otra parte y llevar sus propias golosinas. Igual el festival de Peter Greenaway estuvo la zorra.

Coming Soon: Crítica de Cine(s), Episodio III.

© Hermes.

jueves, julio 20, 2006

HERMES CUESTIONADO


Como ahora estoy tan famoso, me llamaron las chicas de Sex and the City para entrevistarme en su página famosa. Zancada punto com se llama, y dice además "Cosas de mina". En esa página siempre compran discos buenos y van a lugares con onda y encuentran cosas lindas en tiendas que atiende una hippie que está aburrida y que tiene buen gusto. Querían que les dijera mis respuestas porque me encuentran hermessexual (por eso ahora soy una "cosa de mina"), así que aquí hay un pedacito y el link a la página para que la vean.

(Yo quería que me preguntaran cuál era mi garabato favorito como en ese programa donde entrevistan actores famosos y divertidos y el conductor es un abuelito que lo sabe todo)

1. ¿Cuál es tu disco de cabecera? (Un disco que te guste completito, de la primera canción hasta la última).

Creo que no me gusta ningún disco tan tan completo. Creo que Abba ORO es maravilloso, pero está en español y la canción Chiquitita no es lo mismo. Tendría que ser un Grandes Éxitos o algo así, de Erasure ojalá, pero que toque sólo A little respect. Las bandas sonoras también me gustan, pero tampoco me gustan completitas y siempre destiñen. (Hasta la banda sonora de Titanic tiene canciones de Enya que no me gustan) La banda sonora de El Rey León sigue siendo excelente, porque es muy completa y tiene de todo: Romance (Can you feel the love tonight), filosofía (The circle of life), aventuras (La canción de la estampida, que no sé cómo se llama y que es genial para subirse al metro cuando están cerrando las puertas) y hasta teología (Hakuna matata).

2. Si hicieran una película de tu vida, ¿qué actor haría tu papel?

Cuando guagua puede ser una guagua cualquiera, pero que sea linda y no mire a la cámara, y que no hable ni sepa karate como en esas películas del cable (a mí me dan miedo esas guaguas). Ahora ahora tendría que ser alguien como el gordito que sale en Los Goonies pero supe que él se había suicidado porque era drogadicto. El gordito de Cuenta Conmigo también sirve, pero ese no tanto porque tiene pecas (aunque se le pueden borrar con efectos especiales modernos). Cuando viejo tendría que ser George Clooney, y cuando abuelito Gandalf, porque me voy a dejar la misma barba y voy a usar bastón.

3. ¿Cuál fue tu primer amor televisivo?

Cuando vi E.T. (en la tele, así que vale) me enamoré de la niñita rubia que es hermana del protagonista (en esa película son los tres adoptados). Cuando le daba un besito a E.T. me daba cosa y me ponía rojo, y creo que ahí pensé que quería dar mi primer beso, pero a ella. (Aunque después creció y se puso tonta, tiene amigas insoportables y fuma y se afeita las cejas y todo mal). Le di mi primer beso a otra, en todo caso.

Si no sigo leyendo NO seré HERMESSEXUAL.

LOS PIRATAS DEL CARIBE: EL COFRE DEL MUERTO.


Esta película la lleva. La lleva tanto que no la devuelve y uno dice “ya po, devuélvela” y la película niega con la cabeza y dice “nones”, chasquea los dedos y se vira, y te deja pagando.

Se trata de los piratas, pero no de los piratas que uno conoce que usan chaqueta de cuero y miran para los lados con expresión sospechosa en Lyon con Providencia. Estos no andan con la cartulina plegable con mil carátulas enanas de películas “de estreno”, ni llaman a la vieja chica para que les cambie el billete de diez o les busque el Súperman Ritern. Estos piratas andan en barcos que crujen y como son de la época antigua tienen que pelear con monstruos gigantes, con negros caníbales, con viejas brujas y con hombres calamardo, o sea, puras cosas que hoy en día están extintas por los derrames del petróleo.

Para desmentir a mis colegas que dicen que en Hollywood ya no hay imaginación llega esta película, que es un remake de en un juego de Fantasilandia. (¿Cómo no va a ser imaginativo eso?) Un juego que se llama, obvio, Barco Pirata (el mono que va sentado en la punta les quedó igual. El otro más o menos), y que aunque ya se han hecho varios remakes de juegos de Fantasilandia como el de los autitos chocadores (Rápido y furioso), la Splash (La Tormenta Perfecta) o el Tagadá (Rojo: la película), esta es la mejor de todas porque se mantiene fiel al espíritu del original y aún así propone cosas nuevas y temas universales, como por ejempleo, agarrar a balazos a un monito araña. (No es mutante, así se llaman esos monos)

El protagonista es un rockero ebrio que siempre se toma las cosas con calma y hace algo chistoso como robarse algo aunque al lado suyo esté quedando la mansaca. Es ídolo porque lo hace ese actor que hacía de Michael Jackson en Charlie y la fábrica de chocolates y a la polola no le da lata acompañar a ver la película, es más, insiste aunque después la encuentra muy larga. (Además el minoco sale con rimel y a las mujeres les gusta más porque está en contacto con su lado femenino, o sea, es hermessexual). Lo que sí acá aumentaron el número original de personajes (dos) a cuarenta y tres, y la trama es tan pero tan entretenida que pasan mil cosas por segundo y no se entiende nada. Pero eso da lo mismo porque uno lo pasa tan bien que es como estar en un cumpleaños donde hay puras piñatas y los demás niñitos tienen anemia. Además del ebrio actúa el que hacía de campanita en Las Dos Torres (Los campanita eran esos rubios en cámara lenta que eran como el incienso y una canción de Enya de cuarenta y cinco minutos) pero ahora demuestra su carisma porque tiene bigote y le da besos a su polola (Natalie Portman) en vez de hacerle ojitos al rey de bastos.

Que me salgan DIENTES DE PIRATA si no sigo leyendo este artículo.

jueves, julio 13, 2006

SUPERMAN REGRESA


Superman Regresa debería llamarse Superman La Lleva porque es mejor que una sopaipilla con palta hass, y debería ganarse todos los Oscares del mundo, incluyendo Mejor Participación de Periodista Anoréxica Que Siempre Está Donde Hay Peligro (para Luisa Lane) y Mejor Conservación Del Rulito Intacto Aunque Pase De Todo (para el rulito). Es además una película muy versátil que demuestra que en Hollywood la creatividad no se acaba porque está basada en unos monitos, es remake, deja vú, y tercera parte, todo al mismo tiempo. Aunque en la última película Superman le prometía al presidente que “nunca más nos iba a dejar solo” y lo primero que sale en esta es un cartel que dice que Superman se aburrió y se fue a dar una vuelta al espacio durante los últimos cinco años. O sea, Superbipolar. (Pero da lo mismo porque nadie se acuerda de la última película)

Esta de ahora se trata de un mijito rico que se pinta la cara con colorete y que es como marioneta de los Thunderbirds, pero con músculo (sale en el afiche): Se disfraza de bandera de Estados Unidos, y como es el último sobreviviente de un planeta que explotó (Melmac) ahora tiene superpoderes y vive en un Iceberg. (En una parte una bala le rebota en el ojo, onda Jackass, pero reloaded)

Todo parte con la música del área deportiva y después de viajar por el espacio con efectos especiales modernos llegamos a la tierra y nos damos cuenta de que Superman cayó en el campo y lo adoptaron unos huasitos testigos de Jehová. Ahí uno entiende por qué él es nerd en vez de ser todo sofisticado y malas pulgas como Batman (aunque Superman regresa y Batman inicia, o sea, cuando uno va el otro viene de vuelta).

Como a Superman le carga la farándula tiene identidad secreta para que no lo súper hinchen, y lo logra con unos lentes gigantes que además de hacerlo ver nerd son mágicos porque hacen que la gente se vuelva tonta. ¿Cómo nadie lo pilla? Si le sacan cualquier foto a Superman y sale en todas partes, ya deberían haberlo descubierto por accidente: “Oye Juanito no te regalé estos lápices scripto para que rayaras el diario, ¿cómo se te ocurre dibujarle un diente negro al presidente? ¿Y por qué le dibujaste lentes a Sup…? Hey, momento, ¡pero si es el nerd ese que desapareció por cinco años y volvió justo ahora que vuelve Superman!”. Le meten el dedo en la boca a uno. Aunque pensándolo bien, en el cine había una señora que pensaba que Superman y el nerd eran gemelos, y esperó hasta el final a que se encontraran y se abrazaran llorando, o sea, igual es creíble y uno se termina emocionando más que no sé qué.

Si no sigo leyendo este artículo, soy SUPERGIL.

martes, julio 11, 2006

INTERMEDIO


(Este es un post que no es crítica de nada, pero quiero ponerlo igual, para demostrar que los críticos de cine famosos también hacemos otras cosas además de criticar. Si lo que usted quiere son los usuales y completísimos análisis fílmicos de obras relevantes que este rincón le ofrece, no siga leyendo, lo que viene puede restarle tiempo valioso que no aportará en nada a su crecimiento estético. Así que ya sabe. Leer lo que sigue le va a quitar minutos útiles que puede usar en, no sé, mirar por la ventana y/o pensar en los cuchuflís. La decisión es suya. No diga que no se le advirtió)

A veces siento que la vida es una película. Yo creo que a todos les ha pasado. Uno se baja del metro enojado y con ceño gordo, con los puños apretados y es Terminator. Muévete vieja que viene Stallone. ¿Qué mirai, Drago? Salpica, perejil. ¿Sarah Connor? Bang bang. Si el pérsonal le lleva tecno o percusiones aún mejor.

Otras veces da pena y uno anda con la cara larga. Ahí las hojitas caen y uno cree que es para uno. Llueve y no hay nadie más atento. Suena la canción triste del momento y uno se pregunta cómo supieron lo que uno sentía para ponerlo tan bien en la letra. (Como la canción de Radiohead que canta Stephen Hawking, que es para suicidarse y que sea ondero) Ahí uno anda con cámara fija, fundidos, y si fuera más viejo fumaría porque ahí sí que parecería poeta, o alma en pena, que es lo mismo. (Si fumo ahora parecería Ciudad de Dios)

Otras veces uno llega al colegio y se da cuenta de que se le reventó el lápiz pasta rojo en el bolsillo del pantalón. Ahí todos molestan y dicen que nos llegó la regla. Después prueba sorpresa, que en realidad es sorpresa para uno no más porque todos sabían, y todo mal. Después en educación física nos damos cuenta de que olvidamos los calcetines blancos y tenemos que correr con los calcetines azules, y uno parece pobre y los otros que ya están entusiasmados molestando no paran más. Ahí uno mira a la cámara y suena un trombón de payaso, porque es ese personaje al que le sale todo mal. Por último ahí uno se consuela pensando que el que está viendo la película se está riendo, y uno es como el Inspector Cousteau.

Pero otras veces uno conoce a la persona correcta y suena la música romántica. Cada vez que ella aparece se ve en cámara lenta. Y hasta comprar pan es como irse de vacaciones. Aunque no nos gusten mucho esas películas, igual queremos vivirla. Uno siente que está al otro litro, que ya encontró lo que estaba buscando...

Y no sólo eso. Es también como que por fin empezó la película después de los comerciales apestosos con los futbolistas que toman Pepsi, o los abuelitos que son felices porque por fin se compraron una tumba en el Parque del Recuerdo. Ahora se apagaron las luces completamente y aparecieron las primeras letritas. Por fin. Entusiasmo y expectación. Shhh. Empezó. ¿Queda popcorn? Sí, que dure, que dure. Ya. A disfrutar la película, meterse entero ahí y no salir...

Porque cuando uno está en la película correcta, sabe que no se va a salir jamás, y que no sólo entró uno a ese mundo, sino que también el mundo entró en uno, y ahí sí que todo bien y da lo mismo el perico que habla tres horas y patea el asiento como animal, o la polola del oficinista que habla puras tonteras, o ver que la gordita de la confitería le echó un poco de Bilz al hielo, y no al revés.

Uno ya cambió y nada volverá a ser lo mismo...

Bueno, pues ahí estoy yo, hace un mes hoy día.

Lu, feliz mes.

Tu H.

(El monito soy yo y Lu, y lo hizo Natalí)

sábado, julio 01, 2006

LA CASA DEL LAGO

Ayer mi polola Lu me dijo que iba a ir a una fiesta con sus compañeritas y que por eso no se iba a juntar conmigo. Como ni siquiera me invitó a la fiesta yo me piqué pero no le dije nada para ser el pololo cool que quiero ser, y si me preguntaba “qué pasa” yo le decía “nada”, pero con cara de poto. Y de tanto desconsuelo en la tarde me dije “filo, igual puedo vivir sin ella” y para convencerme me armé un panorama. Así que llamé a mi amiga Pepona que ha visto todas las películas románticas del mundo y le pregunté si quería ver esta conmigo. (Mi amiga se llama María José, y como en su casa le dicen Pepa en el colegio le dicen Pepona porque es más corto que decirle Pepa huevona. Cuando la Pepona crezca quiere ser esposa). Bueno, la Pepona me dijo que sí y nos juntamos en el cine que queda cerca de su colegio, o sea, en el centro, que es dónde las cámaras graban todos los asaltos para que después las noticias tengan material. Yo dejé mi teléfono en “discreto” por si me llamaba Lu para decirle “No puedo hablar porque estoy en el cine” y ver si se sentía un poquito como me sentía yo por su fiesta sin mí. Pero bueno, esto es crítica de cine y no Pasiones del Rumpy, así que después sigo con esta historia.

Ya. Si esta película no se gana al menos nueve Oscars podemos declarar al mundo oficialmente injusto. Aunque digan que los negritos cabezones y con moscas de la Tomb Rider sean argumento suficiente para declarar lo mismo, si esta película no se gana todos los trofeos ya no hay nada más que hacer y bienvenido sea el Apocalipsis, a ver si los testigos de Mormón se callan la boca. (Y que por lo menos alguno de ellos alcance a decir “¿Vieron? Teníamos razón y ustedes no nos abrían la puerta”, pobrecitos)

Esta película es la segunda parte de Máxima Velocidad, pero ahora los personajes decidieron dejar el stress de los ascensores malos y las micros con bombas y se fueron a vivir al campo. Andan con chalecos con cuello, con chaquetas con parches en los codos, barren las hojitas y leen libros que dan sueño delante de la chimenea, y como son millonarios no trabajan nunca y tienen tiempo para escribir cartas todo el día. (Lo que sí nunca comen Sanneh-Nuss) Y por alguna misteriosa razón las cartas que el Queno Reeves le escribe a Miss Simpatía le llegan con dos años de atraso. O sea, él está en el 2004 y ella en el 2006 (uno tiende a identificarse más con ella).

Bueno, aprovecho esta ocasión para mandarle un recado a las pololas de los oficinistas que me rodeaban como el enemigo en el Hoyts San Agustín: ¿Hasta cuándo pinga preguntan tonteras? Miren el afiche: ¿vieron que Dewán sale en blanco y negro y que Miss Simpatía sale en colores? Ya, eso es porque Queno está en el PASADO y la otra está en el FUTURO. O sea, cada vez que vea a Queno Reeves dígale a su cerebro que le sople “2004” y no abra su bocaza más que para bostezar, besuquear a su media alcachofa o para comerse las ramitas que metieron al cine de contrabando porque el popcorn que venden es muy caro, si afuera venden la media bolsa por trescientos pesos. Y si eso lo encuentran confuso por último miren la nieve (esa cosa como algodón que se le pone al árbol de pascua y que cuando pasa en Chile sale en las noticias): Sólo en el tiempo de Dewán hay nieve, en el de la otra hay lluvia. O sea:

Blanco + Queno = 2004.

Lluvia + Simpatía = 2006.

Por la chita que me da rabia, si no pasaban ni dos minutos sin que alguna monga tomara aire y se pusiera a elucrubrar: “Oh… ¿Y por qué le llegan las cartas a ella si viven en la misma casa? Debe ser una casa embrujada porque la hicieron encima de un cementerio”. Esto a los cincuenta minutos de película. Y el pololo con la media cara, pero resignándose igual porque mejor eso a estar solo.

Bueno, la cosa es que McFly se enamora de la comadre con puras cartas (que son metáfora de los mails) y están sonados porque los separan dos años de vida. Eso es lo que más me gustó de esta película, que a pesar de ser de máquina del tiempo, uno igual se lo cree porque no es ni tanto tiempo tampoco, así que no tiene la escena de contraste en que un personaje no sabe ocupar el control remoto o dice algo “irónico” como “¿Google? Eso no va a funcionar” o “Nica reeligen a Bush” o algo así que ya sabemos que ya pasó y que sólo nos da risa a nosotros. Tampoco hacen estupideces como que Queno le pida a Simpatía que le mande los números del Loto o le diga el caballo que gana en el Teletrak (las pololas de los oficinistas querían que pasara esto), pero eso es porque son millonarios. Tampoco es al chancho como esa película en que Superman se enamoraba de la doctora Quinn (la mujer que cura), que era abuelita. (O sea, era una película gerontofílica y la censuraron cuando eso estaba de moda, antes de la pedofilia) En resumen, uno se lo cree todo.

En todas las películas románticas siempre muestran a los personajes haciendo las mismas cosas –estar solo- en paralelo, y esta película es entera así, por lo que uno se emociona y suspira hasta cuando Queno piensa en juntarse con Simpatía. Si se acercan por accidente uno saca el Dualette. Y la idea de que se den un beso llega a dar preinfarto de pura conmoción. También debe ser la película donde uno hace “Aaaaw” más veces por hora. (Las pololas de los oficinistas no decían “Aaw” porque estaban muy ocupadas preguntando tonteras y veían la película en diferido).

Hay hartas tomas de personajes mirando por la ventana en la micro con cara melancólica mientras suena música romántica de fondo, y en general uno quiere puro bajar el compact para que la vida sea igual a las películas. Cuando la película está por terminar yo gritaba y me mordía las uñas porque no quería que pasara algo que podía pasar y quería que puro pasara otra cosa que a lo mejor no pasaba, pero igual en una de esas a lo mejor. Más buena la película.

Así que me salió el tiro por la culata. De tanto ver a Dewán feliz por leer a Simpatía más de menos eché a Lu y me sentí más idiota por haber visto la película sin ella. Pepona quedó tan emocionada que no habló nada hasta que me despedí de ella en el metro y apuesto que estaba pensando en su esposo y en qué pasaría si le deja una carta para ver si a él le llega en el futuro. Y justo ahí me llamó Lu, para decirme que no quería ir a su fiesta y que prefería juntarse conmigo… Y tuve que volver a sacar un Dualette. Porque hasta las películas más lindas pueden pasar en la vida real.

Un sixtillón de estrellas.

© Hermes.

sábado, junio 17, 2006

CRÍTICA DE CINE(S): EPISODIO I.

El otro día un amigo que sabe que soy crítico famoso me preguntó cuál era el mejor cine. Yo le dije que el cine pakistaní, obvio, pero me dijo que no fuera huevón, que él quería saber cuál era el mejor cine para ir y sentarse a ver la película, o sea, la marca del cine. Ahí se me ocurrió la idea de hacer este reportaje, porque soy crítico de cine y eso significa que puedo criticar. Como son muchos cines, voy a tener que ir de a poquito, así que va a ser en varias partes. (Con este artículo me voy a ganar el Wurlitzer)

Showcase Parque Arauco

El cine: Este cine parece aeropuerto, y está bien, porque queda en Miami. Todos los que atienden son viejos empaquetados que parecen androides de Inteligencia Emocional, salvo el osito que era lindo. Los demás dan miedo, y cuando tienen que tomar decisiones importantes como dar vuelto de veinte hablan por micrófono y aparece uno ejecutivo vestido de botones que paquea y anota todo y a uno lo hace sentir criminal. Lo que me gusta es que las entradas están bien impresas y son grandes, y se pueden coleccionar y con el tiempo no se deshacen. Así uno después mira la entrada y se acuerda y es como si existiera.

Las salas: Son como esa película donde todos se quedaban encerrados en el cubo que tenía trampas del coyote, pero más oscuras y con más alfombra. Lo malo es que los asientos no tienen respaldo y uno queda con el cuello bailoteándole y tiene que hundirse en el asiento y ojalá levantar las patas apoyándolas en el asiento de adelante. Lo que sí ahí aparece de inmediato un señor con wookie toki a decir que eso no se hace y uno por puro miedo a que lo arresten deja de hacerlo. Al final uno está toda la película tenso porque esas cosas dan susto, así que recomiendo este cine para ver películas de terror con policías malévolos, como Gringuito. La última película que fui a ver a este cine fue Camote y se escuchaba como las pelotas. En serio, se veía bien pero el sonido se echaba a perder a cada rato como cuando el audífono está malo y uno tiene que apretar el cable con el dedo para que se escuche por las dos orejas, y nunca le achunta. Uno se pone más tenso porque quiere pararse a reclamar pero no puede poner la película en pause, y yo que soy inteligente (porque soy crítico) levanté las patas y las puse en el asiento para “llamar” al del wookie toki y reclamarle, pero no cayeron en mi trampa. O sea, cuando tú vas ellos ya vienen y mejor no pasarse de listo.

Las golosinas: Lo bueno es que tienen Yögen Fruz. Lo malo es que las cabritas parece que las endulzan con aire pero las cobran como si fueran de oro. O sea, más caras que no sé qué y sin gusto a nada. Las bebidas también son buenas porque tienen Bilz, pero todo el mundo pone cara de poto cuando le dicen “Pepsi” en vez de Coca y terminan comprando Cachantún a mil quinientos la botellita. También son muy careros y por la bolsa de M & M que en todas partes cuesta trescientos pesos aquí cobran luca. (Ojo porque dentro del mall hay supermercado y uno puede gastar la misma luca en otras cosas)

La recomendación de Hermes: Ir sólo cuando es cita romántica, porque así uno puede pasear por Miami y sentirse parte del progreso, y así cómo no van a dar ganas de tener hijos.

Cinemark Alto Las Condes.

El cine: Este cine no tiene Miami, pero tiene Canadá. Y Francia. Y la fortaleza de Superman y todo (esa donde Superman guarda sus tubos de ensayo). También tiene escaleras mecánicas, pero una vez se cortó la luz justo cuando yo estaba arriba y quedé atrapado como por una hora. Aquí los que atienden son como los del McDonald’s y hace juego porque el cine está al lado del Fudgarden. Pero no se puede entrar al cine con comida del Burger King porque es ilegal. (Yo una vez con mi primo Jano nos escondimos unos whoppers en el bolsillo y todo el cine se pasó a cebolla. Una señora reclamó y echaron desodorante) El cine es todo verde y con luces de Las Vegas, y al final uno no alcanza a distinguir el afiche de Poseidón del comercial del Parque del Recuerdo, pero eso es bueno porque así uno se distrae y comparte con los suyos. Una vez vi a Alberto Plaza en la fila y sentí que estaba en los Oscares de Hollywood. (Sacó entradas para Chicken Little y no le quiso comprar popcorn a sus once hijos)

Las salas: Las salas de este cine son gigantes y tienen asientos Tur Bus. Claro que en vez de decir DOLBY el galvano que tienen en la puerta debería decir LOLY, porque se escucha como el ídem. Cuando fui a ver la tercera parte de la película Episodio se escuchaba más el ruido de la sala de al lado que el “¡Noooo!” del Dark Vader, y más encima había puros rubios giles que cuchicheaban porque eran más inteligentes que George Lucas. También me acuerdo de unos pololos que reclamaron porque en Elephant no salía ningún elefante (la chiquilla era fanática), y como uno de ellos era hijo de un político, a los dos les devolvieron la plata. Hay que tener paciencia si van a ver películas de niños a este cine, porque se llena de puras familias como la de Mi pobre angelito, pero ojalá a alguno se les olvidara el pendejo en la casa porque puta que hinchan las pelotas. (Y que les salieran los ladrones, pero de los chilenos, o sea, de los brígidos)

Las golosinas: Lejos el mejor popcorn de todos los cines del mundo. Aquí sí que da gusto. A veces salen unos apelotonados que traen tanta azúcar que la tapadura llega a llorar de emoción. Lo malo es que no tienen Bilz y que las gorditas de la caja siempre logran persuadirlo a uno de que se lleve el popcorn de tres lucas, porque trae más del doble que el de dos mil quinientos, y para estar perdiendo plata mejor me voy a un Teletrak. Es caro, pero uno no siente que lo cogotean como en el Showcase.

La recomendación de Hermes: Comprar popcorn e irse a ver la película a otro cine. Le recomiendo este cine a Bin Laden, por si se aburrió de las cuevas y quiere hacer maldades.

Cine Arte Alameda.

El cine: Este cine es además galería de arte. (Es Cine Arte, obvio) Eso quiere decir que en la entrada les sobra mucho espacio y siempre están colgando tonteras para que uno se asombre y comente y la polola crea que sabe. Como es Cine Arte hay muchos afiches de películas antiguas que uno ya no puede ver, y eso igual da un poco de rabia. Por fuera es todo muy lindo y hay harto suelo para sentarse a contar las monedas, poner la mochila con el parche de Radiohead y mostrar el tatuaje que se asoma por el final de la espalda. Hay café virtual y un flipper, pero parece que está malo. La boletería la atiende una viejita sorda que nunca escucha la película que uno quiere ver y eso es gracioso porque siempre dan una sola película, que más encima están dando en Cinemax desde el mes pasado. La boletería es de esas que tienen un vidrio con un hoyo redondo a la altura de la cara de la viejita y siempre dan ganas de meter la mano por ahí y tirarle el pelo a la señora, pero uno se contiene porque es Cine Arte. Otra cosa que no me gusta de este cine es que las entradas no son coleccionables, son un papel ordinario que se destiñe y que no dice ni la película que fuiste ni nada, y tiene el puro precio y la fecha con un timbre de esos que puro se alcanza a ver el año. También hay unos guardias pesados que te siguen con una linterna hasta que te sientas y luego se van enojados no sé por qué.

Las salas: Hay dos salas, pero una es más chica y no parece cine. La más grande parece cine del siglo pasado, y si uno se mueve cruje entero todo y la gente hace callar. En realidad hacen callar porque el parlante siempre se revienta y se escucha todo mal, pero da lo mismo porque es Cine Arte y lo que importa es la imagen. La imagen de este cine es como las pelotas, pero da lo mismo también, porque al final uno va para hacer hora en la entrada y tener onda. El cine tiene cortinas que tapan la pantalla y eso es gracioso porque cuando se abre crea expectación y uno escucha la cortina, que ojalá se corra bien, porque si no hay que estar leyendo los subtítulos arriba de la cortina. (Pero no hay para qué leer porque lo que importa no es lo que se dice, sino cómo se dice, porque es Cine Arte).

Las golosinas: Como es Cine Arte, tampoco es necesario estar comiendo nada. Pero en caso de que uno quiera entrar con cosas de contrabando puede comprarse dulces en el café virtual, pero venden puros dulces de la botillería, como chocolate Capri, turrón Dos en Uno, o chicle Grosso. Esas cosas no sirven para ver películas porque no duran nada, y hay que estar chupándolas para que duren, y eso desconcentra y uno se pierde la metáfora. Mejor ir al minimarket de Vicuña y comprarse verdaderas golosinas, pero mejor abrirlas piola en la galería de arte, porque si no adentro los intelectuales te van a mirar feo por superficial.

La recomendación de Hermes: Ir a mirar los afiches, las tonteras colgadas, meter la mano por el hoyo en el vidrio, tirarle el pelo a la señora y salir arrancando. Ver la película en Cinemax el día en que la den.

Coming Soon: Crítica de Cine(s), Episodio II

© Hermes.

martes, junio 13, 2006

LA PROFECÍA

Esta película justo se estrenó el seis del seis del seis, y debería ganarse el Oscar a la mejor coincidencia terrorífica antes de un estreno, porque justo se trata del diablo y ese número es la página de la Biblia en la que aparece por primera vez.

El flim parte con una universidad donde hacen clases los curitas (y que tiene una mesa larga y data) y vemos uno que sabe mucho y que está haciendo disertación sobre el diablo que viene, porque las señales están en todas partes. Las señales son las cosas feas que pasan en las noticias y ahí uno se empieza a asustar porque ha visto todas las señales prácticamente desde que nació, o sea que el diablo viene sí o sí. Como en todas las películas modernas los curitas aquí son todos locos y saben secretos y no hacen misa, y hay uno que siempre anda mirando para todos lados por si viene el demonio y tiene los pómulos gigantes de tanto leer la Biblia así que se la sabe de memoria y todo lo contesta con versículo, lo que igual agota la paciencia, así que uno aplaude cuando lo mata la jabalina.

Pero todo gira en torno al Andy Cristo, que es como la guagua del pesebre pero en versión gótica. Eso sí en vez de amenizar convirtiendo el agua de la llave en pisco, Andy hace puras cosas diabólicas, como mirar feo todo el rato. Durante las once horas de película Andy te mira como si le hubieras robado el sacapuntas y le hubieras puesto la punta de la lengua al tornillo para sentir lo amargo. O sea, te quiere puro matar. Es tan odioso que hasta los gorilas disfrazados del Jumbo le temen y en una parte deja la escoba porque se les acerca. Y nunca lo muestran mirando lindo, para que uno no se confunda y empiece a preguntar tonteras en voz alta durante la película, como las pololas. (Una estrella de bono por eso)

Si no sigo leyendo que me lleve el CHANFLE.